Casi un año de pandemia

Ya estamos en febrero. Dentro de poco hará un año que empezó esta pesadilla del coronavirus, las restricciones y los confinamientos varios (excepto si vives en Madrid que has podido hacer lo que te ha salido del forro con el beneplácito de Ayusita) 


Recuerdo que en marzo y abril e incluso mayo lo vivíamos como una experiencia trágica pero a la vez con esperanza e ilusión de que aquello pasara lo más rápidamente posible. Salíamos a los balcones a dejarnos las manos en carne viva cada noche a las 20h para aplaudir a los sanitarios que se habían convertido en nuestros héroes junto a las cajeras de los súper, las dependientas de las farmacias, las limpiadoras y tantas personas que en aquellos momentos de incertidumbre estaban poniendo su vida en riesgo para que no nos faltase de nada. Incluso nos metimos en vena la canción de Resistiré que a día de hoy no la puedo escuchar sin sentir escalofríos y ganas de tirarme por el balcón.


Todo se empezó a torcer cuando el facherío empezó a ensuciar todo aquello con sus cacerolas y sus banderitas de España intentando derrocar al Gobierno en vez de hacer frente común ante la pandemia. Intoxicaron el ambiente hasta límites insostenibles. Los hoteleros y una oposición muy chunga llevaron a tomar decisiones bastante equivocadas (es muy fácil verlo ahora desde la distancia). Los gobernantes de aquí y del mundo entero iban dando palos de ciego como mejor sabían aunque obviamente no era suficiente.


Hasta entonces vivíamos las videollamadas con ilusión y alboroto. Cada día hablábamos con unos y otras y pensábamos que el final de la pesadilla estaba cerca. Las niñatas estaban locas haciendo tik toks y los memes nos alegraban los días, que falta nos hacía.  Al final por querer salvar el verano nos hundimos aún mucho más. En diciembre nos volvimos locas y cuando llegó la Navidad no hubo casi nada que salvar. Las luces se apagaron, llegaron aún más restricciones. La tristeza y el desespero empezó a hacer estragos. La incertidumbre económica está menoscabando nuestras esperanzas de volver pronto a la normalidad. A este paso no se “salva” ni el 2021. Por si fuera poco las vacunas van llegando con cuentagotas y por este camino vemos lejana la recuperación y el volver a algo parecido a lo que un día tuvimos. 


En los momentos difíciles es cuando se aprecia la grandeza de las personas y es ahora cuando tenemos que ser más fuertes, más solidarios, más buenas personas con los que nos rodean y es cuando una sonrisa o una llamada son más necesarias que nunca. Cuando los que más tienen deberían ayudar a los que lo están pasando mal. No nos podemos permitir hundirnos. Hay que sacar fuerzas de donde haga falta y demostrar que aunque no vayamos a salir de esta mejor que antes sí que haremos que el esfuerzo haya valido la pena.


 

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